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Conversando sobre la riqueza de la selva Amazonica

Conversando sobre la riqueza de la selva Amazonica

En el contexto de la crisis ecológica que experimentan los ecosistemas amazónicos en Brasil, hemos querido rescatar la experiencia de nuestro amigo Felipe Sotomayor, quien ha tenido la oportunidad de conocer de cerca ese hermoso socio-ecosistema, vinculándose con su gente y recorriendo esos parajes selváticos que a muchos nos parece de ensueño, y que detrás del clásico paisaje esconde aún más maravillas. Le preguntamos por su primer viaje a esas latitudes y su opinión sobre lo que podríamos perder con catástrofes ambientales como las que últimamente se está viviendo. Los invitamos a leer lo que nos cuenta y a reflexionar sobre cómo podríamos ayudar a conservar lo que Felipe llamaría “uno de nuestros ambientes”, y quizás el más importantes del planeta.

 

¿Podrías contarnos en qué contexto se generó la oportunidad de conocer la Amazonía?

La primera vez que fui a la selva fue en un contexto bien especial, estaba terminando la universidad y me invitó un artista nacional, Ricardo Portugueis. El entonces tenía un fondo para rodar un documental en el Amazonas, así que nos fuimos 3 meses a hacer el rodaje en un lugar que se llama San Juan de Yanayacu y vivimos con una familia del lugar. Así que nos fuimos a la casa de esta familia que había contactado Ricardo, que era la familia Chanchari, una familia increíblemente hermosa. Y nos recibieron y estuvimos compartiendo con ellos su casa y en algún momento –casi al principio de nuestra estadía-, pudimos aprovechar la oportunidad y vivir como viven ellos; comíamos lo que ellos comían, vivíamos como vivían ellos. Esto fue una de las cosas más bonitas, el poder conocer no como turistas sino que conocer la Amazonia bien intensa y profundamente. Entonces estuvimos allí aprendiendo a vivir en la selva, recolectando agua cuando llovía, y haciendo un montón de cosas necesarias para el día a día, mientras que claro, rodábamos nuestra película.

Como resultado de esta oportunidad, y naturalmente -aunque ya venía encantado con la idea-, fue entonces cuando me súper enamoré de la selva.

 

¿Cuál era tus expectativas para ese viaje, imaginamos que estaban relacionadas con el objetivo de la incursión?

La verdad es que mi expectativas con la selva eran altísimas, pero nunca tanto como fue en realidad. Las expectativas se superaron impresionantemente, aunque debo reconocer que tenía un poco de temor, porque uno asocia a la selva con el peligro o a serpientes venenosa o que te puede atacar un animal; un jaguar, y a pesar de que me encantaba el lugar y me atraía mucho esa cercanía con animales que son peligrosos y a la vez desconocidos para nosotros, igual me intimidaba un poco. Pero una vez que estas allá, obviamente que te das cuenta que mucho de eso es mitología urbana y son conceptos errados, porque la selva es mucho más amigable de lo que parece. Quizás lo más complicado en ella no son las víboras ni los jaguares para las personas sino que las avispas, las hormigas y los zancudos. Algo que uno no dimensiona realmente hasta estar en el lugar.

 

¿Podrías llegar de definir qué fue lo más impresionante de esa experiencia?

En particular en esa experiencia, lo más importante y lo que más me marcó fue la presencia de la vida. La verdad que es un lugar y una forma de organización natural tan abundante que nosotros quizás, que vivimos en Chile o en otros países donde llega menos energía solar, nos cuesta concebir. Por ejemplo, ves un árbol y te puedes sorprender que en cada hoja puedas encontrar con facilidad un ser vivo. Era impresionante la diversidad, tantos animales distintos, tan cerca uno de otro, demasiados en cantidad. Pienso en la selva y visualizo un mundo paisajísticamente increíble donde la vida hierve, borbotea por cada poro. Y claro, para las personas que les gustan los seres vivos, es un verdadero paraíso.

 

Es hermoso, sólo imaginar que las manifestaciones de la vida son inagotables y que allá son fácilmente perceptibles por el ojo humano, llenando cada milímetro del paisaje. Pero sabemos que también hay mucho más allá, fuera de lo que a simple vista vemos. Al respecto, ¿cómo describirías la riqueza que descubriste en esas latitudes?

Sobre las riquezas que encontré, qué puedo decir; creo que quienes viven en esos parajes son millonarios. Es decir, el tener la oportunidad de tener una vida intensa en compañía de la naturaleza... esa misma que ni siquiera hemos llegado a conocer completamente. O sea, consideremos que cada año aparecen muchas especies nuevas, incluyendo algunos mamíferos, que son animales grandes. Y lo enfrentamos al supuesto de que nosotros como seres humanos creemos saber todo lo que pasa en la tierra, pero no es así y ahí es donde me sorprendo porque creo que la riqueza en lugares como este es ilimitada.

Además, también se tiene que considerar que no se están valorando los servicios ambientales, o que en realidad se están subvalorando. Y aunque con todo este tema contingente de los incendios, podemos tomar un poquito más de conciencia y darnos cuenta que por supuesto que tener una selva funcionando; que cicle el agua, que intercambie CO2 por oxígeno, es mucho más valioso que tener minería y otros servicios, madera, caucho, etc. Materiales que si bien son de mucha utilidad, no podemos olvidar y poner en perspectiva que no vamos a poder respirar caucho ni madera ni dinero, ni petróleo, cuando nos falte aire limpio. Entonces por todo esto te puedo decir que efectivamente la Amazonía es uno de los lugares más ricos que he visto en el mundo, es increíble en verdad.

 

¿Qué observaste de acuerdo a tu experiencia en cuanto a la vulnerabilidad del socio-ecosistema amazónico?

Acerca de la vulnerabilidad del sistema social, la verdad es que es muy vulnerable, y es una pena porque su sistema esconde cosas sumamente importantes. Al final te hace pensar en nootros mismos, que vivimos en un mundo donde todo es crecimiento, todo es “progreso”, que lo más importante es "tener más", pero generalmente no medimos la calidad de las cosas, ni la duración de las cosas. De repente queremos tener mucho hoy día y no nos preocupamos por lo que vamos a tener nada mañana, lo que evidentemente no es tan buena jugada.

Hay muchas cosas que creemos que necesitamos pero en realidad no necesitamos. Y como este mundo de consumo se basa en lo que uno puede comprar nos obliga a creer que así es como tiene que funcionar. De hecho, nos pasó en esos tres meses que estuvimos allá que finalmente te das cuentas de que no necesitabas nada. No teníamos ni siquiera luz eléctrica, agua potable y otras cosas. Y notas que todas esas cosas no son nada, no te hacen feliz, no te llenan de nada, son servicios que uno incluso llega a invisibilizarlos, como parte del día a día. Lamentablemente estamos convencidos con normalidad de que son muchos los recursos que necesitamos, apoyado todo esto con publicidades que hacen que la idea te llegue directa e indirectamente. Y esta lógica de consumo y pérdida de lo que realmente importa creo que va a finalmente comer a las otras culturas que viven alejado de ese funcionamiento, a larga va a ir absorbiéndolas.

 

¿Qué tipo de aprendizajes cosechaste durante esa estadía en la Amazonía?

Durante esa estadía en la Amazonía y a partir de entonces he aprendido un montó. La verdad es que nunca he dejado de aprender, sobre animales, sobre el ecosistema, pero también he aprendido que la selva es un lugar súper amigable siempre y cuando uno sea respetuoso con ella. Que las faltas de respeto se pagan caras ahí, y también he aprendido que la realidad que vivimos nosotros con todas estas necesidades que tenemos inculcadas realmente no son necesidades sino que son cosas que tenemos metidas en la cabeza, que aunque creamos que nos sirvan un montón, por otro lado nos perjudican.

Pensemos que cada vez que tenemos una tecnología nueva; play station, GPS, es cierto que nos dan herramientas, pero también nos quitan otras importantes herramientas de desarrollo. Ver como se desenvuelve un humano en un ambiente tan natural, tan prístino, volviendo a su esencia, nos muestra una felicidad particularmente bella, porque la felicidad tiene más que ver con el ser no con el tener y aunque suena un poco cliché, eso se hace súper evidente allá.

 

¿Qué opinión tienes respecto de lo que actualmente está viviendo el mundo amazónico?

Sobre lo que está viviendo actualmente el Amazonas, creo que vivimos una época muy complicada donde las noticias falsas se han tomado todos los bandos. Hay un montón de intereses distintos que desconocemos, entonces a mí en lo personal me pasa que yo ya no sé qué creer. Obviamente estoy súper sensibilizado por la cosas naturales y de conservación, entonces tiendo a creer mucho más esa información, pero mi experiencia me dice también que todos mienten.

Consideremos que mentiras se han podido generar y difundir desde hace mucho tiempo; por ejemplo en una publicación científica, omitiendo valores o direccionando mediciones y que ahora que toda la información viene de  Facebook, de memes, desde donde uno nunca sabe cuál es la fuente, es totalmente difícil tener un conocimiento acabo.

Ahora, es impresionante el cómo las masas a veces se arrastran hacia un lado defendiendo una idea, pero el origen de esas ideas muchas veces no es técnico ni tiene el respaldo o el apoyo científico. Entonces es bastante complicado el tema de la información y las opiniones sin fundamento. Lo que sí creo, y es porque lo veo yo mismo y no necesariamente lo he leído, o por réplica de una idea ajena, es que el mundo está cambiando, que estamos destruyendo el ambiente. Y hago la reflexión de que los seres humanos hablamos "del ambiente" cuando en realidad deberíamos decir “nuestro ambiente”, que es el marco biológico que necesitamos para vivir. Quizás así lleguemos a dimensionar que cuando hablemos de que estamos destruyendo nuestro ambiente, significa que también vamos a mermar nuestras posibilidades de sobrevivencia.

 

De acuerdo a lo que viste, ¿crees que existe alguna posibilidad de que se puede proteger de alguna manera a la Amazonía?

La posibilidad de destruir menos la selva amazónica creo que es una obligación. Al respecto, hay muchos temas interesantes, porque vemos por ejemplo que países que financian la conservación de los bosques, son países industrializados, que viven con un montón de dinero, queman un montón de madera, han destruido un montón de ecosistemas y me parece que lo que pagan para mantener la selva no vasta, porque obligan a nuestros países sudamericanos o países que tienen estos bosques -que generalmente o son pobres o que en el mejor de los casos están vía de desarrollo-, a seguir manteniéndose en ese lugar.

Creo que los servicios ambientales son muchos más caros de lo que se pagan, y esa es una de las discusiones que más me ha llamado la atención en este momento tan delicado. Pero debe quedar claro que es una obligación, puesto que si no cuidamos nuestros recursos naturales las consecuencias las vamos a pagar nosotros mismos, y de hecho ya lo estamos pagando. Cuando nos quedemos sin agua o ante cualquier otro problema nos vamos a dar cuenta realmente de lo que implica. Cuando nos quedemos sin un recurso indispensable nos vamos a dar cuenta que no podemos comprar lo que ya no existe.

 

Nosotros alejados de esas latitudes, ¿crees que tenemos alguna oportunidad de sumar algo positivo a esta tragedia? ¿Cómo crees que podemos no contribuir a esa destrucción?

Sinceramente, para mí lo único bueno de toda esta moda verde que se ha levantado, es que la gente se interesa por lo natural. Y aunque vivimos en un sistema de oferta y demanda y de libre mercado, cada vez más la gente demanda cosas naturales lo que está bastante bien. Y a medida que salen estas certificaciones y uno tiene la posibilidad de elegir productos que no se testeen con animales, que sean amigables con el entorno, que propicien el comercio justo, son indicadores súper importantes. A partir de ahí se ha generado ese interés por saber a quién uno le compra.

Por otra parte, reflexiono sobre lo que ocurre; de todo esto que está pasando no tiene la culpa necesariamente toda la humanidad, sino que las personas que toman decisiones, y que muchas veces lo hacen a sabiendas de la sobreexplotación de un recurso o la consecuente contaminación, pero prefieren hacer montañas de dinero antes de poner eso en consideración.

Creo que uno como consumidor sí tiene la opción de elegir, y también a ahorrar cosas, es decir no usar calefactores cuando no se necesite, tratar de elegir productos biodegradables, si todos construimos un poco podemos ayudar, eligiendo lo que usamos y moviendo las tendencias para obligar a las industrias a que generen lo que nosotros queremos y así ser más exigentes.



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